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Encuentros inesperados: la bruja y la científica | Detective Conan - Magic Kaito

Título del fic: Encuentros inesperados
Título del capítulo: La bruja y la científica
Fandom: Detective Conan - Magic Kaito
Personajes: Shiho Miyano (Ai Haibara), Akako Koizumi, Keiko Momoi
Pareja: ninguna
Palabras: 3.164
Sinopsis: La compra de un bolso Fusae desencadena un encuentro destinado entre Haibara y Akako. Para ellas es el nacimiento de una bella amistad, para el resto probablemente se trate de algo calamitoso si estuvieran presentes.
Otros links: FFN | AO3

Shiho se fijó la hora en su reloj pulsera y a continuación miró con impaciencia el semáforo para que cambiara de luz y pudiera seguir corriendo. Todo había sido culpa del profesor. El hombre no solo se había quedado dormido sino que se olvidó llenar el día anterior el tanque de gasolina, por lo que el auto se quedó parado en la calle a medio camino. Después de haber recibido ayuda de algunas personas que pasaban por los alrededores y se ofrecieran a empujarlo a un lugar para estacionarlo, debieron tomar un taxi. Finalmente cuando se bajaron pasaron por una cafetería que exhibía varios postres y el hombre se detuvo por varios minutos a observarlos (o más bien, a babearlos). Esto como consecuencia trajo un gran retraso de tres horas, un profesor hambriento y una Shiho muy molesta. Viendo que si intentaba convencerlo a que desistiera de comer uno de esos postres le traería más retraso, terminó concediendo que él fuera adentro (con la condición que no se pasara de las dos porciones aunque sospechaba que haría caso omiso a eso como otras veces que lo dejó solo) mientras ella seguía de largo.

¿Por qué estaba tan apurada? La respuesta era elemental: hoy era el día que salía a la venta el nuevo bolso de mano de la marca Fusae y Shiho estaba decidida a tenerla en sus manos. Si no llegaba pronto lo más probable era que no quedaría ningún modelo más. Resopló. De haber sabido que pasaría esto habría accedido a la oferta de Subaru de llevarla, pero no, tuvo que negarse.

En lo que le pareció una eternidad, pero probablemente haya sido tres minutos, el semáforo cambió de luz y Shiho pudo avanzar, prosiguiendo así a una tienda que estaba unos metros a la derecha. El lugar estaba alborotado de personas, especialmente de mujeres. Si había algo bueno de tener el cuerpo de una niña era la facilidad de escabullirse que uno tenía en una multitud. En tan solo pocos minutos pudo llegar a la sección donde se exhibían los artículos de la marca Fusae. Su corazón dio un vuelco al ver que estaba todo vacío antes de notar que todavía quedaba un bolso de mano. Fue automático lo suyo. Ni siquiera registró a la joven que estaba al lado del bolso y estiraba su brazo para tomarla. Shiho simplemente dio un gran salto y agarró lo por un extremo al mismo tiempo que la otra mano tomaba el otro extremo.

Dándose cuenta por primera vez de la presencia de la joven, Shiho le lanzó una mirada dura y tomó con más fuerza su extremo. Su contrincante, una adolescente pelirroja muy bella, lejos de sorprenderse o intimidarse que una niña diez años menor que ella la mirara de esa manera le devolvió la mirada desafiante y tironeó de su agarre. Shiho le respondió tirando para su lado. Pronto comenzó una batalla donde las dos tironeaban la cartera hacia ellas mismas. Esto no tardó en llamar la atención de las demás personas que se encontraban dentro del local.

—Disculpen, ¿qué sucede aquí? —preguntó una de las empleadas más jóvenes, lista para ponerle fin a la disputa. Aprovechando la oportunidad Shiho no perdió tiempo en usar su voz más chillona de llanto que engañaba a cualquier adulto.

—¡Quiero la cartera y ella no me la quiere dar! —Se pasó una mano sobre los ojos para terminar la ilusión de que lloraba. La vendedora endureció su mirada y la dirigió hacia la pelirroja. Perfecto. No pudo evitar sonreír un poco. Sabía que estaba usando un truco sucio, pero no le importaba. En primer lugar, ella perteneció a una organización criminal gran parte de su vida. No era una persona que jugara limpio.

Esperó muchas cosas. Esperó que la adolescente soltara su agarre, esperó que se sintiera avergonzada y creara excusas débiles. Lo que no se esperó fuera que ella se riera. Juzgando por la reacción de la vendedora, ella tampoco.

—Lo siento mucho. Creo que ha habido un malentendido. Mi hermana y yo estábamos jugando y nos dejamos llevar.

Shiho la miró sorprendida. ¿Hermana? ¿Qué diablos…?

—¿Hermana? ¿Es eso cierto, pequeña? —preguntó la vendedora agachándose un poco para estar más a su altura.

Abrió la boca para negarse ante tal disparate.

—Sí.

Se llevó las manos a la boca, más perturbada aun. Se suponía que diría “no”. No tenía sentido. Era casi como si alguien hubiese puesto la palabra en su boca.

—Como ve, no tiene nada de qué preocuparse. A… —La miró un momento nuevamente y Shiho sintió como su boca se abría en contra de su voluntad.

—Shiho.

Se tapó la boca con horror. Había dado su nombre y no cualquiera. No había dicho Ai, había dicho Shiho, su verdadero nombre. Un nombre que nadie en su nueva vida debía saber. ¿Quién era esta chica? ¿Cómo podía controlarla de esa manera?

—A Shiho, —continuó como si nada hubiera pasado—, le gusta tomarse en serio sus juegos. Además está un poco molesta porque le dije hoy más temprano que al terminar nuestra compra iríamos a tomar un helado, pero no traje suficiente dinero. Ya sabe cómo son los niños.

Se rió de nuevo un poco y las personas a su alrededor, incluida la vendedora, se rieron también mientras que otros asentían con la cabeza en entendimiento. Shiho quiso gritar, quiso hacer algo para llamar la atención y decir que ni la conocía, pero ni su boca ni su cuerpo no se movían. La vendedora tomó la cartera.

—La llevaré a la caja entonces. Acompáñenme, por favor.

La mujer empezó a caminar. Shiho sentía como si tuviese clavado los pies sobre la tierra. Estaba tan preocupada que ni registró la acción de la vendedora. ¿Acaso estaba frente a un miembro de la Organización? No podía ser posible. En ningún momento sintió esa presencia agobiante que solo las personas de aquella organización podían tener. Entonces, ¿quién era? ¿C-

—Shiho-san. —La melodiosa voz de la pelirroja la sacó por un momento de sus cavilaciones. Se dio cuenta que ella estaba agachada a su altura y la llamó en un susurro. Nadie en su alrededor las miraba—. Será mejor que arreglemos este asunto afuera.

—¿Arreglemos?

Aquellas la alarmaron más. ¿Qué arreglarían? ¿Las condiciones de su captura? ¿Cuándo vendría Gin a buscarla? Sintió un escalofrío ante el mero pensamiento de aquel hombre.

—Sobre quien se quedará con el bolso. Creo que una competencia más limpia sería mejor y no armaríamos una escena. Me disculpo si te asusté demasiado con mi magia. No suelo utilizarla con los niños, pero como eres un caso especial decidí hacer una excepción.

Shiho la miró extrañada. ¿Magia? ¿De qué hablaba?

—¿No vas a llamar a Gin? —preguntó todavía con temor, sin importarle que sonara realmente como una niña. La adolescente se mostró confundida por primera vez desde que la vio.

—¿Quién es Gin? —Shiho sintió como se le liberaba una presión en el pecho. Ella… ella no conocía Gin. No tenía nada para constatarlo, pero algo en su interior, llámese instinto o no, le decía que la joven decía la verdad—. Vamos, dividiremos la compra y después la que gane le dará la otra parte a la perdedora. Será una competencia justa y prometo que no usaré más la magia sobre ti.

La pelirroja se levantó y tomó su mano, probablemente para no salirse del papel de la hermana mayor. ¿Estaba ante alguien que podía usar la magia? La sola idea carecía de lógica y habría hecho que Kudo entrara en un estado de negación, pero a diferencia de él, Shiho estaba más abierta a otras posibilidades (era imposible sin saber los verdaderos planes de aquella persona de la Organización). Además había sentido en carne propia esa misma magia.

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Media hora más tarde de haber efectuado la compra Shiho se encontraba sentada en un banco del parque más cercano. A su lado había una bolsa que contenía la cartera de Fusae. La pelirroja se encontraba unos metros alejada de ella terminando una llamada. Finalmente terminó de hablar y guardó el celular en el bolsillo de su pantalón. Se sentó a su lado.

—Todavía no me he presentado, ¿cierto? Me llamo Akako Koizumi.

—Ai Haibara —contestó, aliviada de ver que podía decir su otro nombre sin ningún problema. Si la joven estaba confundida por haberse presentado con un nuevo nombre no lo mostró.

—Mucho gusto, Haibara-san. Lamento nuevamente lo que sucedió antes, pero debíamos salir de esa situación y no se me ocurría otra idea.

—¿Eres una maga entonces?

Por primera vez desde que se vieron Koizumi se mostró ofendida.

—Soy una bruja, no me confundas por algo tan bajo. A diferencia de esos imitadores que engañan a las personas con sus trucos, los míos son reales.

—Lo lamento. —Se disculpó aunque no se sintiera muy apenada en realidad—. No sé mucho del tema.

—Es normal. Muy pocos saben sobre la existencia de la magia y suelen cometer mucho ese error. A veces creo que es una pena que debamos mantenerlo en secreto.

Ante esa revelación Shiho enarcó las cejas.

—Y sin embargo, me dijiste sin apenas conocerme que podías usar magia. ¿No tendrías que ocultarlo mejor?

—Ya te lo dije, eres un caso especial. Con cualquier otro hubiera usado un hechizo más potente que habría hecho que no estuviera consciente que lo estaba manipulando con magia.

—¿Y por qué soy especial?

—Porque no eres una niña realmente.

Shiho intentó no mostrarse sorprendida, pero la alarma se disparó una vez más en su cuerpo. Sabía que no estaba con alguien de la Organización, pero no podía evitar reaccionar de esa manera.

—¿Qué quieres decir? —preguntó sin querer todavía revelar la verdad.

—Que no eres una niña, ya te lo dije. Desconozco las razones del cómo y por qué terminaste así. No parece haber sido obra de la magia, lo que quiere decir que fue algo proveniente de la ciencia. Y el por qué sé que no eres lo que aparentas es por tu aura. Puedo ver el aura de la personas y el aura de un niño es extremadamente fácil de identificar por su pureza. Tú en cambio tienes el aura de una persona cercana a mi edad, que es muy diferente.

—Debo tener el aura negra entonces —dijo medio en serio y medio en broma. Koizumi sonrió enigmáticamente sin afirmarle o negarle su afirmación—. ¿Y cómo será tu famosa competencia? —inquirió, queriendo cambiar de tema.

—Llamé a una compañera de clases para que viniera. Es una experta en todos los artículos Fusae. Pensé que ella podría servir de jueza. Ella nos hará varias preguntas y la que más se equivoca pierde.

—Una competencia para ver quien es digna de tener el nuevo bolso. Me gusta.

—Sabía que no me había equivocado contigo.

Las dos se miraron con una sonrisa. Si otra persona hubiera estado presente, como Kudo por ejemplo, habría sentido escalofríos al verlas. No era el tipo de sonrisa inocente que uno vería, no. Era esa sonrisa oscura y arrogante que atemorizaba a los demás. No obstante, debía aclararse que no se miraban maliciosamente, simplemente ambas reconocían a la otra como su igual y podían dejar salir a la luz aquel lado que normalmente mantenían oculto frente a los demás.

—¡Lamento la tardanza! —interrumpió la voz de una chica. Las dos rompieron su mirada y la dirigieron a la recién llegada. La joven tenía poyada sus manos sobre sus rodillas y tomaba aire para calmarse. Parecía que había venido corriendo. Tenía el cabello castaño agarrado en dos coletas. Una vez que pudo normalizar su respiración, volvió a hablarles—. Espero no haber tardado demasiado.

—No te preocupes, estuvimos hablando mientras te esperábamos. Haibara-san, te presento a Keiko Momoi, mi compañera de clases de quien te hablé. Momoi-san, ella es Ai Haibara.

—Mucho gusto, Ai-chan —la saludó cálidamente Momoi. Shiho asintió con la cabeza.

—Es un gusto.

—¿Segura qué quieres hacer esto? —preguntó preocupada y a continuación miró a Koizumi con dureza—. ¿No te parece injusto competir con una niña diez años menor que tú?

—No realmente —respondió la bruja despreocupada.

La mirada de Momoi se endureció más. Se dio cuenta en aquel entonces que habría algo de historia entre las dos.

—No soy tan buena como Aoko. No creas que te voy a tratar tan bien como ella.

—Lo sé, por eso te llamé. —Ante la mirada estupefacta de su compañera, Koizumi prosiguió—: Te llamé en primer lugar porque no hay nadie mejor que tú que conozca todo sobre Fusae. También sé que eres la mejor amiga de Nakamori-san y estás naturalmente de su lado para que esté con Kuroba-kun. Por otro lado, eres alguien honesta y con un corazón justo. No soportarías el engañarme en esta competencia, que yo misma te llamé para que la dirigieras, y le dieras la cartera a mi rival, sin importar que ella sea apenas una niña.

Momoi abrió la boca para decir algo, pero las palabras no salían. Había sido leída como un libro abierto. Shiho decidió salir a su salvación (aunque más bien solo quería empezar lo más pronto posible con la competencia y quedarse con el bolso).

—No me molesta competir con ella. Sé que ganaré.

La castaña la miró algo sorprendida. Dio un suspiro en señal de derrota, no entendiendo los pensamientos de ninguna de las dos.

—Muy bien, empecemos entonces. Serán diez preguntas para cada una. Quien tenga el mayor número de respuestas correcta gana. Si ninguna no se equivoca en esas diez, la primera que se equivoca en la siguiente ronda perderá. ¿Entendido?

Las dos asintieron.

—¿Cuál fue el primer producto producido bajo la marca Fusae, Ai-chan?

—Un bolso de mano de tamaño mediano que tenía como diseño principal en el frente unas rosas; contenía además dos bolsillos internos. En un primer momento solo venía en color rojo y verde, y otro en negro y gris pero ante su éxito se produjeron más modelos con diferentes combinaciones.

—¡Correcto! —exclamó Momoi contenta a su respuesta—. Ante el pedido de la gente se produjeron nuevos modelos y marcó el primer éxito de Fusae Campbell bajo su nombre. Ahora es el turno de Koizumi-san. ¿Cuál fue el producto que salió cuatro años atrás en la temporada verano y revolucionó la marca?

La pelirroja se peinó sus cabellos pelirrojos altaneramente y respondió:

—Una valija. Antes la compañía solo se dedicaba a fabricar bolsos de mano y billeteras. La producción de valijas fue algo totalmente nuevo. Las valijas vinieron en cuatro modelos: uno color negro, otro color beige, otro color rojo y otro color verde.

—Correcto. Muy bien Ai-chan, ¿cómo fue el primer modelo de billeteras que sacaron? —siguió la castaña con la siguiente pregunta y Shiho prosiguió a responderla correctamente.

A continuación siguió el turno de Akako, quien también respondió de manera correcta. Siguieron de esta continuamente durante cuarenta minutos donde cada vez las preguntas se tornaban más difíciles y específicas. No fue sino hasta una pregunta que rompió por primera vez esta continuidad:

—¿Qué tipo de producto salió en el invierno de hace catorce años y por qué no tuvo éxito, Koizumi-san?

La pelirroja frunció un momento el entrecejo y se permitió unos minutos para pensar antes de responder.

—Fue un bolso de mano de cuero grande. Contenía tres bolsillos internos y dos externos, uno frente a la cartera y otro al revés. Tenía una luna dibujada en el frente también.

—Incorrecto. Ese fue el modelo que salió durante el otoño de hace diecisiete años. Lo siento mucho Koizumi-san. ¿Sabes la respuesta, Ai-chan? Si contestas correctamente ganas pero si te equivocas también Koizumi-san tendrá otra oportunidad.

La pequeña científica asintió con la cabeza con seguridad.

—Fue un bolso de mano de cuero también pero de tamaño más pequeño y tenía dibujado en el reverso una flor. Tenía solo un bolsillo exterior y dos en el interior. La cartera perdió ante el diseño presentado por Womanwesei que fue visto por muchos más atrayente y práctico.

—¡Correcto! ¡Tú ganas, Ai-chan! —exclamó Momoi y aplaudió mientras Shiho tomaba su premio con una sonrisa de satisfacción y felicidad. Akako observó la escena con un gran puchero, mostrándose molesta consigo misma. Sin embargo, momentos después extendió su mano a su contrincante.

—Odio tener que hacerlo pero acepto mi derrota, Haibara-san. Espero que cuides bien de ese bolso.

—Por supuesto, no tienes que decírmelo —respondió ella y le tomó la mano. Si bien aquella tarde había empezado mal con tantas horas de retraso para comprar su bolso, el resultado fue uno mejor ya que sintió que terminó conociendo a alguien que quizás la comprendía mucho mejor que Kudo. Las dos soltaron su agarre y Shiho llevó su mano a su bolsillo—. Ten, es la mitad que acordamos.

La pelirroja aceptó el dinero y lo guardó en el bolsillo de su propio bolso. Escucharon a Momoi carraspear su garganta para llamar la atención.

—Bueno, yo... —empezó a decir algo incómoda. Ahora que había pasado la etapa de preguntas y no tenía en mente la marca Fusae, la incomodidad de su relación con la bruja comenzó a sentirse de nuevo—. Tengo que volver a mi casa, les dije a mis padres que volvería temprano. Nos vemos en clases, Koizumi-san.

—Por supuesto, gracias por venir Moimoi-san. Nos vemos mañana.

—Adiós Ai-chan, espero que nos volvamos a ver —se despidió menos incómoda la joven de las dos coletas. Shiho por su parte le devolvió el saludo con la mano y una pequeña sonrisa para satisfacerla.

Una vez que la figura de la adolescente se perdió de su vista sacó su teléfono celular de su bolsillo y lo miró molesta. Habían pasado aproximadamente una hora y el profesor todavía no le mandó ningún mensaje. Probablemente seguiría comiendo. Tendrá que obligarlo a comer solo ensalada esta noche.

—De casualidad no tienes ningún hechizo para hacer que alguien coma menos, ¿no? —preguntó mientras empezaba a caminar en dirección a la cafetería donde el profesor todavía probablemente seguiría.

—¿Oh? ¿Para quién sería? —preguntó con una sonrisa maliciosa mientras se ponía a su lado para acompañarla. Shiho la igualó con otra sonrisa maliciosa.

—Para alguien que por más que le diga sigue comiendo muchos dulces cuando no estoy a su lado para vigilarlo.

—Ah, si es así conozco varios. Hay uno que me gusta en particular donde la víctima desarrolla una alergia a ciertas comidas, hay otro también que es de mi agrado donde invariablemente a la víctima le parecerá asquerosa su comida favorita por más deliciosa que luzca.

—Creí que me darías algo más inofensivo, estoy sorprendida —dijo en una voz que denotaba totalmente lo opuesto a lo que decía. Akako se rió.

—¿Dónde estaría lo divertido en eso?

Akako Koizumi definitivamente terminó siendo alguien de su agrado. Algún día haría que Kudo también la llegara a conocer. El simple hecho de observar sus reacciones, ya sea por la magia o ella como persona, serían totalmente entretenidas. Por ahora tendría que conformarse con las del profesor.
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